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Millela: entre hilos y sueños

Así vivo el COVID | 20 de mayo de 2021

Para lograr una meta es necesario darlo todo y aprovechar cada oportunidad que se presente. Esto lo ha tenido claro desde muy pequeña, Eidy Millela Viveros, una mujer bonaverense de 25 años que vive en la vereda Zacarías Rio Dágua, corregimiento de ese distrito Especial.

Y cómo no, si desde que tiene memoria ha tenido un gran anhelo: ser diseñadora de modas, idea que nació estando desde muy niña entre hilos y agujas, entre el sonido de las tijeras cortando tela y el sonsonete de las máquinas de coser cuando corren a todo dar sobre prendas de vestir.

“Cuando yo estaba pequeña miraba a mi mamá coser, ese fue mi motor, ella tenía su maquinita y nos cosía a sus hijas y de vez en cuando a alguien de afuera. No tenía taller, solo una máquina de segunda que se le varaba a cada rato”, desde ahí empezó la idea de ser diseñadora. Por eso, cada vez que podía, se unía a las labores de costura de Aida Luz, su madre, para usar los retazos que sobraran como material para hacerle vestidos a sus muñecas y mientras su madre usaba la máquina de coser, ella unía los pedazos a mano.

Sus días pasaban diseñando en hojas de papel las prendas que después les pondría a sus juguetes. Por eso, con tan solo 9 años su madre decidió inscribirla a un curso gratuito de costura que realizarían en su comunidad. Millela cuenta esta escena entre risas, pues reconoce que era la estudiante más joven y que sus compañeras le llevaban entre 10 y 20 años de edad.

Ahí aprendió a hacer su primera falda, le enseñaron de patrones y medidas. Ese curso fue un detonante más para encarrilar su vida hacia el diseño y la confección: “yo no dormía por estar cociendo, a veces me levantaba tarde en la noche, porque no me daba sueño y cuando me levantaba a coser mi mamá me regañaba”, recuerda Eidy.

Ensimismada en su gran meta, el motor de la máquina vieja que tenía su madre no volvió a tener descanso, pues sus vecinos y vecinas ya empezaban a dejarle encargos e inclusive, diseñó desde cero los vestidos de graduación que tanto ella como sus hermanas, Evelin y Marilyn, usaron tras haber hecho cursos en distintas áreas de formación que impartía un instituto local. Esto último fue un hecho significativo para Millela, pues recuerda que su madre, quien la inspiró en este quehacer, les hizo desde cero a sus hermanas y a ella los vestidos de 15 años de cada una. Haber logrado lo mismo, años después, le hizo sentir que iba por buen camino.

Para ese momento, Millela tenía enhebrada una gran cantidad de experiencias y conocimientos, incluso había logrado comprarse su primera máquina familiar nueva, que compartía con su madre. Sin embargo, sentía que a su sueño aún le hacía falta tela por cortar.

“En 2019 me enteré que en la comunidad iban a hacer unos cursos de emprendimientos, que Fundación PLAN venía para que los jóvenes hicieran sus proyectos y pudieran hacer sus ideas de negocios (…) así que lo vi como mi gran oportunidad, porque necesitaba fortalecer lo que ya venía haciendo. Y pensé: de que paso, paso”.

Sin que nadie le hubiera mencionado del encuentro, Millela se dio cuenta que en la caseta comunal de su corregimiento estaba Fundación PLAN, así que sin chistar se dirigió hacia allá. “Yo sentía que tenía que ir porque era algo que yo necesitaba, esto no se me iba a presentar dos veces, así que yo asistí a la reunión y me inscribí.”

Desde entonces inició con los talleres de habilidades para la vida y de formulación de proyectos. Era una clase una vez a la semana, iniciaba a las 8 de la mañana y acababa a las 4 de la tarde, así que se programaba con las personas de su comunidad que decidieron como ella perseguir sus sueños, para pagar entre todas y todos un Willys campero que los llevaba al punto donde recibirían las clases y se quedaban todo el día “y aun así, muchas y muchos luego no fueron, PLAN nos ayudaba con el transporte, nos daba alimentación, los materiales y los cursos, nosotras no teníamos que colocar nada, solo nuestra disposición, ¿Qué más le podíamos pedir a la vida?”

En ese proceso nació Afrofashion, su idea de emprendimiento que presentó para ser capitalizada, es decir, para ser financiada:  una empresa que confecciona prendas de vestir que incorporan y resaltan elementos de la cultura afrodescendiente para todo tipo de público, pues “mi idea de negocio es llevar el afro en todos los aspectos de la vida cotidiana, que lo puedan utilizar desde las niñas y niños hasta un adulto con cualquier tipo de prenda”.

Millela estaba segura de que le aceptarían su propuesta, sin embargo, los 15 días que pasaron para avisarle si quedaría o no, le fueron eternos. “Algo me decía de que yo iba a quedar. El día que avisaban, un funcionario de plan debía mandar un mensaje por WhatsApp, así que nos tocó buscar señal para poder conectar los datos que le había puesto a mi teléfono con una recarga”. Ansiosa, cuando llegó el mensaje, no hizo otra cosa que echar un primer vistazo, uno rápido para ver si encontraba su nombre en algún sitio de la lista. Se halló. “cuando que me vi, uff, hubo un descanso, sentí un alivio, una felicidad, una emoción, una cosa loca, salté de la emoción porque no solo quedé yo, sino que también una hermana, que quedó seleccionada con un proyecto de una heladería”.

Tras eso, la siguiente escena que se vio por la calle principal de Zacarías es a Millela recorriendo su corregimiento para avisarle a las demás compañeras y compañeros que quedaron seleccionados pero que no tenían señal. Ese día el jolgorio invadió las calles.

Hoy el taller de Afrofashión funciona en la casa de Millela, cuenta con máquinas veloces y de costura pulida, necesarias para una producción profesional de ropa, además de estanterías, sillas y maniquíes.  Con esto, reconoce que “no hay nada que me impida no hacer las cosas mejor, con estas máquinas puedo entregar un mejor trabajo y con mayor calidad”.

Además, actualmente busca alianzas entre compañeras y compañeros que también han sido seleccionados. “Tengo una compañera que tiene un proyecto de venta de accesorios, con collares y pulseras y la idea es vender las prendas junto con los accesorios; y también hay una compañera que hace tejidos, y se podrían confeccionar prendas en tela pero que lleven también tejidos”. Por otro lado, aún no ha logrado registrar su marca y por la coyuntura de COVID-19, no ha podido seguir su proceso como lo tenía en mente. Sin embargo, sigue en pie.

Millela reconoce que “PLAN fue la pieza más clave que necesitaba no solo por la capitalización, sino también por el conocimiento, el empoderamiento que nos ayudó a tener y que nos enseñó a tener la visión, a ver más allá, a no quedarnos en algo básico, sino en aspirar, empoderarnos de los nuestro, de lo que sabemos, de nuestras habilidades”.

Desde Fundación PLAN, a través del Programa Liderando por la Paz, financiado por el gobierno de Canadá y en asocio con la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Victimas en los departamentos de Nariño, Valle del Cauca y Chocó, hemos podido aportar a los sueños de miles de personas jóvenes que ven en el emprendimiento y en el desarrollo de sus habilidades para la vida, la oportunidad para crecer como personas y el espacio idóneo para generar propuestas que aporten al desarrollo económico personal, familiar, y comunitario.

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