Carlita, se vistió de gala para recibir la ayuda de Plan
Vereda Las Cargas, Tumaco, 27 de febrero. Carlita nació hace 7 años a las orillas de un ramal del río Mira, en la vereda de Las Cargas, una pequeña población de 30 personas, donde ha pasado toda su vida, en compañía de su tía abuela y sus tres hermanos. Las Cargas esta ubicada a una hora de navegación en lancha desde Tumaco, a través de una sinuosa vía fluvial que serpentea desafiante este sector de la llanura del Pacífico. Plan ha hecho presencia en Las Cargas desde 1.978.
Desde hace ya dos semanas, Carlita y su familia permanecieron aislados del mundo, pues cuando el río Mira se desbordó, inundándolo todo a su paso, la sobresaltada corriente trajo consigo una madeja indescifrable de escombros, árboles caídos, basura y animales muertos que impidió el paso de cualquier tipo de ayuda de emergencia. La situación era crítica.
Dos semanas después de la tragedia, cuando los funcionarios de Plan llegaron a Las Cargas abriéndose paso incansablemente, a través del inmenso tapón de escombros que cubría una superficie de más de cien metros del río, Carlita volvió a sonreír cuando, a la distancia, escuchó el inconfundible rumor de la lancha de Plan acercándose, y reconoció a un grupo de personas vestidas de azul celeste, que hacían exaltadas señales de reconocimiento, ella los había visto antes, los había visto muchas veces. Eran los amigos de Plan.
Sin disimular su asombro y alegría, Carlita corrió jubilosa anunciando a gritos la llegada de los esperados visitantes que surcaban las, hoy tranquilas, aguas del río que hace solo pocos días le causara tanto sufrimiento y desesperanza. Todos salieron de sus chozas, erigidas sobre pilotes raídos de madera y se agolparon a la orilla de la corriente.
Carlita corrió presurosa a su pequeña casita de madera, esculco rápidamente dentro de la bolsa plástica donde su mama había guardado la poca ropa que se salvo de la inundación y saco de ella su más preciado tesoro: el vestido de su primera comunión; no existía mejor ocasión para volver a usarlo, Carlita quería estar vestida a la altura para la ocasión.
La imagen de Carlita, de punta en blanco a la orilla del río, contrastada por la figura de sus tres hermanos semidesnudos y descalzos a su lado, me impacto de tal manera como solo los había hecho antes el lienzo plasmado por algún maestro surrealista, la escena era magnifica y desgarradora.
Carlita sobrevivió por días con un alimento mínimo: algunas matas de plátano que supieron sobreponerse altivas a la creciente del río; afortunadamente Carlita y su familia contaron con agua potable durante la emergencia, gracias al tanque de almacenamiento de agua lluvia que Plan instalo, años atrás, en Las Cargas. Así encontré a Carlita, con su vestido azul y blanco engalanado con grandes volados bordados por la tía abuela, solo para ocasiones excepcionales.
-“Cuando el río empezó a crecer yo no me preocupe, la abuela dijo que no pasaba nada, pero al poquito rato eso se subió tantísimo, empezó a arrastrar los animales y las cosas…yo pensé que me iba a morir (…)” - confesó Carlita.
Llegaron, por fin, los abrazos y las lagrimas, por fin el tan anhelado alimento de las manos de los diligentes amigos de Plan; tornó la esperanza a los ojos profundos de Carlita quien, con su mirada sincera y su sonrisa amable, pagó con creces todo el esfuerzo realizado.
Plan reanudo de inmediato la capacitación de la comunidad en medidas higiénicas y de medio ambiente, a la vez que la capacitación en prevención de vectores para evitar la aparición de malaria, paludismo o leishmaniasis en la comunidad de Las Cargas.